martes, 17 de noviembre de 2015

Apaciguando a la bestia con caramelos

Dice Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, que bombardear un país no es la solución para acabar con el terrorismo. Que hay otras formas de luchar contra el terror: cortando la financiación del terrorismo, acogiendo a los refugiados y aislando a los violentos.

Podemos estar de acuerdo con Colau en que cortar la financiación es un punto primordial en la lucha contra el terrorismo. El problema radica en que una de las fuentes de financiación del Daesh es, señora Colau, la venta de petróleo en el mercado negro. ¿Cómo evitamos que vendan petróleo? ¿Obligamos a los traficantes de petróleo a hacerse eco-friendlys? Otra de sus fuentes de financiación son los rescates. ¿Cómo evitamos que secuestren a personas occidentales en territorio sirio? Y si eso sucediese, ¿dejamos que perezcan a merced de los carniceros?

De acuerdo, señora Colau, acojamos a los refugiados sirios que huyen del terror de la guerra, aislando a los violentos en el territorio origen. La pregunta se torna sencilla: ¿qué hacemos con los miles de terroristas que siembran el terror en Siria e Iraq? ¿Los dejamos campar a sus anchas? ¿Llamamos a la ONU para que reconozca al Daesh y establezca un Califato?¿Cree la señora Colau que establecido el Califato no seguiría una política expansionista clavada al Lebensraum del Tercer Reich?

Y lo que es más importante, ¿dejamos a los sirios, iraquíes, kurdos, peshmergas, coptos y a otras minorías religiosas a merced de la Sharia, del cuchillo de degüello, de los fusilamientos en masa, de las carnicerías del Daesh, cuando están pidiendo ayuda de Occidente para frenar el avance militar del Daesh?

Para Ada Colau es sencillo escribir desde su despacho tres párrafos con los que convencer al personal de que el diálogo es la solución a un conflicto sangriento. Neville Chamberlain pensaba igual cuando Adolf Hitler puso en marcha su política expansionista, que había plasmado por escrito en su Mein kampf, y expandió las fronteras de la Alemania nazi primero Alsacia y Lorena y más tarde en Austria y en los Sudetes: démosle lo que pide, así habrá paz. Pero al final no hubo paz, sino guerra, y de las heavys.

No cabe diálogo con quienes fusilan 200 niños en un talud, imitando a las SS en Ucrania. No cabe diálogo con quienes degüellan a periodistas con un cuchillo de matarife o quema vivo a un piloto jordano. No puede haber diálogo con quienes ahorcan homosexuales o los tiran desde una azotea. Y menos aún puede pedir diálogo los representantes de una izquierda política que enarbola la bandera de la justicia, la igualdad, la libertad y la fraternidad, unos valores que Daesh pretende suplantar por una teocracia basada en la Sharia y el terror. 

Es precisamente esa izquierda quien debe defender a ultranza los valores de la Democracia y olvidarse de la pantomima del buenismo y del flowerpower con una bestia insaciable que conoce las debilidades y las contradicciones de su enemigo. Si quieren trascender la Historia, en sus manos estará ser recordados como políticos de la talla de Winston Churchill y Franklin Roosevelt o quedar retraídos a la triste política de apaciguar a la bestia con besos y caramelos como Neville Chamberlain y Édouard Daladier. Somos conscientes de que la lucha será dura, pero en ello nos va la vida.

lunes, 16 de noviembre de 2015

La hipocresía de los miserables

Tras los bombardeos en Raqqa, volvemos a sufrir los sempiternos panfletos del No a la guerra. Los mismos pacifistas que evitan criticar los asesinatos de la Policía de Nicolás Maduro se tornan ahora contra François Hollande. Los antiimperialistas que no gurgutan con el conflicto en Ucrania, y que incluso ven con buenos ojos la anexión de Crimea a Rusia, como si no fuera ejemplo clásico de imperialismo, ahora salen de sus pútridas cuevas para criticar a Francia.

Son los miserables de siempre que no tienen nada que perder. Los hijos del papá de la tarjeta black; los politicuchos que defienden el pacifismo y contratan en sus listas al JEMAD que participó en los ataques en Libia; los que defienden la excarcelación de Alfon pero no se dignan a pedir la de Leopoldo López. Los que envidian hasta la extenuación que un Gobierno de izquierdas y socialista como el de Hollande defienda con uñas y dientes los valores de la República y tenga los santos coj*nes de responder con valor, determinación y contundencia al yihadismo. Los que se dicen laicistas pero a la vez reciben dinero de Irán, un régimen donde lapidan mujeres y cuelgan de la horca a homosexuales y luego tienen la desfachatez de aparecer por marchas feministas y de apoyo al colectivo gay. Los gorilas de Pablo Iglesias que evitan guardar un minuto de silencio en la embajada de Francia pero que, tal y como relató Andrés Herzog, llegan en el último momento par cantar La Marsellesa y salir en la foto, y que, al marchar, cuando son increpados, encima tienen el valor de llamar «facha» al personal. En definitiva, los jodidos hipócritas de siempre inmersos en sus continuas contradicciones.

A esos imbéciles panfletarios que no tienen ni puta idea de cómo es la vida; que no saben situar Beirut o Raqqa en el mapa porque sólo los mencionan para sacar rédito político; que dicen que no todos los musulmanes son yihadistas pero que todos los curas católicos son pederastas; que proclaman su pacifismo y su buenismo sólo cuando les conviene; que no vomitan encima del teclado como hicimos algunos cuando vimos vídeos de decapitaciones sin censurar en YouTube ni mueven una pestaña con los fusilamientos de centenares de niños porque, claro, el asesino no es judío y no podemos echarle la culpa a Israel; a todos ellos les animo a que se pongan en fila de una p*ta vez y se alisten como diplomáticos.

Que vayan, ataviados de guirnaldas y floripondios, con ramos de flores, una bolsa de magdalenas y una delegación de bailarines regionales, a dialogar a Raqqa, tanto que les gusta el talante y el diálogo. Que se vayan de una p*ta vez. Que vivan en sus carnes lo que vivieron Reverte, Tertsch, Rojo y otros tantos periodistas en Yugoslavia, Kuwait, Irak y Nicaragua. A ver si quizás, teniendo enfrente decenas de ojos que sólo se mueven por el sadismo y por la violencia, jaleados por los suyos, siempre con sed de una orgía de sangre, fanáticos hasta la extenuación porque creen que sus acciones son alabadas por un Dios supremo, lo cual manda cojones, entienden de qué va la p*ta vida. A ver si se enteran de que el Daesh no va a capitular por mucho que cantemos "Imagine" o "Give Peace a Chance", o que encendamos velas y nos unamos de la mano y hagamos fotos con hashtags y nos tiremos pedos. Que ellos los tienen cuadrados y no tienen miedo a la muerte, y mientras tanto, muchos de nosotros en Occidente ni nos enteramos de qué va la misa, que poco a poco, por culpa del buenismo de los retrasados, se irá tornando en funeral mientras no nos marquemos con fuego en la frente los valores que nos unen como civilización.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Ocultando las siglas del pasado

Alberto Garzón ha ganado por fin las primarias de Unidad Popular, antes Ahora en Común (Aec), antes Izquierda Unida (IU), antes PCE, con un 96% de los votos. Un porcentaje relativamente bajo teniendo en cuenta que los líderes comunistas suelen ganar elecciones con el 99,9% de los votos. Porcentaje arriba, porcentaje abajo, Garzón se ha hecho con el timón de UP, antes AeC, antes IU, antes PCE, para «integrar a la izquierda en una candidatura de unidad popular». Eso, al menos, es lo que dice Garzón, porque la realidad es que UP, antes AeC, antes IU, antes PCE, es una OPA hostil de IU para tener el control de una nueva formación, una nueva vestimenta para tapar las siglas antiguas, debilitadas por el paso del tiempo, mientras mantienen la tesitura de ideologías caducas y el control del Partido. Que nunca falte el Control del Partido. 

Garzón, como líder de UP, antes AeC, antes IU, antes PCE, puede revestir su nueva formación como quiera, o expoliar el pasado y el legado del PCE tapando su historia con cortinas de seda. Puede decir que UP es una unidad integradora, pero IU es también una federación de partidos en la que podían haber entrado las formaciones constituyentes de UP sin perder su independencia. De lo cual podemos preguntar: ¿Para qué montar nuevos circos y confundir al personal? ¿Para qué hacer del PCE una matrioska a la que bautizan -por lo civil, claro- en cada cita electoral con un nuevo nombre? Si el espíritu ideológico de UP es el comunismo, ¿para qué tener relegado al PCE como partido integrador de IU que integra a su vez UP? ¿Cómo se mastica ese invento?

Aplaudimos que Garzón se deje confundir con sus propias tolondradas sobre las unidades populares. Que vista a la mona tantas veces quiera, pero seguirá siendo la mona de siempre, la de la hoz y el martillo, la del rupturismo, la de la República 2.0 -que no Tercera-, la que volvió a 1936 en la década de 90 después de que Santiago Carrillo aceptase el camino de la Transición. El problema es que quizás ni los suyos sepan que la mona ahora se llama UP, lo que provocará algún que otro mareo en las mesas electorales. Y que Garzón rece porque alguno no se sienta traicionado y tenga la tentación de sacar a pasear el piolet. Por el momento, Llamazares anda revuelto y haciendo carantoñas a otra candidatura de unidad popular, La Izquierda. Qué ironía: tanta unidad popular y lo único que consiguen es fragmentar aun más la izquierda.

jueves, 15 de octubre de 2015

San Artur Mártir

Jolgorio a la entrada de los Juzgados. Llega Artur Mas. ¡El Mesías ha llegado! Viste de blanco. Impoluto. Abre los brazos. Se obra el milagro. Las esteladas se convierten en palomas; las palomas, en clones de Jordi Pujol; los clones, en pagarés al Banco de Andorra. ¡Aleluya! Le suceden los apóstoles. Pregonan su palabra. Oriol Junqueras mira ora a Hospitalet ora a Reus. Raül Romeva se deshace en lágrimas que empañan sus Txin Txin Afflelou. ¡In-de-pen-den-tzia! ¡Hossanah! Gritos de traidores a los jueces feixistas y españolistas. Artur se detiene, sonríe y dice: «No obréis con malicia, hijos míos, pues vuestro será el Reino de Catalonia». Los aplausos derrumban un capitel de los Juzgados, hecho que cronifica Pilar Rahola para el Nou Testament Catalá. El Evangelio según Rahola. Pilar se humedece de solo pensarlo.

Tras Artur Mas aparecen 400 alcaldes con los bastones de mando. Parece una reunión de jubilados en pilates, brazo arriba, brazo abajo. Airean sus bastones orientándolos hacia los Juzgados, con aire de ultraje. ¡Muerte a los feixistas! Artur vuelve a sonreír: «No obréis con...». Le corta Oriol: «Artur, tira p'alante». Artur dice: «Trátame con más respeto, que soy el Mesías». Raül se enjuaga las lágrimas. El gentío sigue exclamando vivas, ayes, jaculatorias y jotas aragonesas al paso de San Artur Mártir. Uno baila un chotis opresor en el fragor de la alegría.

Los 400 alcaldes siguen meneando el bastón al aire. Uno le atiza a una paloma, es decir, a un clon de Jordi Pujol. Lo abuchean y le llaman pepero. Cómo osa. ¡Votante de Inés Arrimadas!, gritan. Artur lo fulmina con la mirada y lo hace cenizas. La gente aplaude. ¡Milagro! ¡Hossanah! ¡Aleluya! ¡Palomitas! ¡Churros! ¡Coca-Cola! La prensa, testimonial, se agolpa en un reducto, retransmitiendo las obras y milagros de San Artur Mártir, pero su aura es tan luminosa que ciega todas las cámaras, salvo las de TV3.

A la salida, Artur vuelve a sentir la euforia de la plebe. Llevan palmas y laureles. Le agitan la melena al viento. Sonríe. Nunca la vio tan gorda. ¡Pero mira que son gilipollas estos tíos!, piensa mientras recoge los pagarés del suelo con un movimiento a lo Senador Palpatine. Clamores, vivas y esteladas al viento. Una le da en la cabeza. Artur se desmaya. Al rato se despierta. Raül, plañidero, con una peineta en la calva, le llora encima. ¡Quita de ahí, botifler! ¿Habrá sido todo un sueño?, se pregunta.

martes, 13 de octubre de 2015

Sobre Colaus, Iglesias y Toledos

De Colaus, Pablos y Toledos hay poco por añadir a la interminable lista de diarreas mentales. La Alcaldesa de Barcelona, que comparó el descubrimiento de América con un genocidio, debió saltarse bastantes clases de Historia durante el BUP para mantener viva la leyenda negra del genocidio, como si la historia no se construyese, desgraciadamente, sobre conquistas y guerras. Visto lo cual, mejor no mencionarle los genocidios tutsi o armenio o el Holocausto nazi, que igual no los conoce y se lleva un pasmo. A la par, critica el gasto público según el tipo de manifestación que se realice. Mencionó los 800.000 euros del desfile militar del 12-O, pero no dijo ni pío sobre el gasto de la Generalitat durante la Diada del 11-S, lo cual deja entrever el cinismo de la neocasta política, muy aficionada al nepotismo, y a la contradicción continua. Estimat Ada, si no te gusta el gasto público, critícalo venga de donde venga, pero no pongas el grito en el cielo por un desfile militar mientras acudes a Diadas donde el Govern de la Generalitat, el mismo que cierra quirófanos y recorta en prestaciones sociales, se gasta más de un millón de euros.

Sobre Guillermo, tras su diarrea sobre elementos monárquicos, católicos y populares, tampoco hay mucho que decir. Todo está dicho desde hace años. Todo el mundo conoce al susodicho personaje y nadie lo relaciona con su malograda carrera profesional. Lo peor de todo es que debe ser triste pretender ser actor, que no te llamen de ningún sitio y tener que rellenar titulares de periódicos a base de insultar a medio país. Por otra parte, si tan poco te gusta España, querido Guillermo, vete. Sin acritud. Pírate de una vez. ¿No te gusta ser español? Solicita otra nacionalidad. Hay decenas en el mundo. Lo tienes fácil.

Sobre Pablo y su ausencia en el desfile del 12 de octubre, idem. La mejor frase la sentenció Albert Rivera, candidato a la Presidencia de España por Ciudadanos, cuando dijo que para ser Presidente de España hay que celebrar el Día de España. Tic-tac, tic-tac, decía Don Tancredo hace unos meses. Ahora el reloj corre en su contra, a medida que su careta de cera va cayendo y conocemos que ni se molesta en leer los correos electrónicos, que se ausenta de su trabajo como eurodiputado en el Parlamento Europeo cuando le viene en gana y que pretende ser Presidente de un país sin asistir al Día Nacional de su país, generando una imagen cada vez más desgastada para «tomar el cielo por asalto », como pretendía hace apenas un año. Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur.

lunes, 28 de septiembre de 2015

El día después del 27-S

Lo bueno de las elecciones es que siempre ganan todos. Pasa lo mismo con las ‪#‎eleccionescatalanas‬ del ‪#‎27S‬, donde Oriol Junqueras no dudó en salir a la palestra y decir que ‪#‎JuntspelSí‬ había ganado en escaños y votos. La realidad es distinta: un 47% de los votantes apoyaron a formaciones abiertamente independentistas (Junts pel Sí y CUP), mientras el 52% apoyaron a otros partidos, entre unionistas y partidarios de una tercera vía. Sí es cierta su victoria en escaños, aunque más bien sea una victoria amarga: si CiU y Esquerra sumaban 71 escaños hace tres años, ahora en coalición, desligada Unió y con la suma de ANC, Omnium y otras asociaciones, llegan a los 62. Tampoco es para tirar cohetes, aunque hay que reconocer que tampoco está tan mal. No obstante, ¿para qué tanta alforja en este viaje?

Quien sí puede presumir de resultados es Inés Arrimadas y Ciudadanos, que suben de 9 a 25. No está mal teniendo en cuenta el apagón informativo que sufre su formación en los medios de comunicación catalanes. Y quien tampoco puede echar cohetes es el Partido Popular, que baja considerablemente, y el PSC de Iceta, que «mantiene los muebles», expresión muy al uso en los diarios del día después, aunque descendiendo. Ambos sufren el auge de Ciudadanos como principal partido constitucionalista en Cataluña.

Al final, las #eleccionescatalanas no fueron más que otras elecciones autonómicas, a pesar de la cantinela independentista. Como plebiscito, Artur Mas lo perdió, dado que el independentismo no llegó al 50% de los votos. Y como elecciones autonómicas, puede darse con un canto en los dientes: la hemeroteca es amplia y todos sabemos que Convergéncia no es capaz de movilizar como lo hacía el clan Pujol, y que necesita a la izquierda marxista de Esquerra —tengo estos principios, pero si quiere tengo otros— para mantenerse viva.

En cualquier caso, debe mirarse con preocupación un dato: la división de una sociedad casi a la mitad en torno a un debate vacuo y falto de contenido. Básicamente porque, un día después del #27S, Junts pel Sí, ganadora de las elecciones y perdedora del psueoplebiscito, tiene la obligación de gobernar para los catalanes y de preocuparse por solucionar los problemas básicos de una sociedad: paro, sanidad, educación, pensiones, corrupción... Mientras esos problemas siguen congelados, como si los catalanes se alimentaran del aire y el dinero cayese de los árboles, Artur prefiere mantener el dislate separatista y enconar a una sociedad hacia polos cada vez más opuestos, al mismo tiempo que la arroja por un precipicio para salvar su propia reputación, manchada hasta las cejas con los casos de corupción que asolan Convergéncia.

Lo mejor de todo es que, dada la macedonia que conforma Junts pel Sí, entre progresistas, ecocomunistas, movimientos sociales y la derecha del rancio abolengo convergente, las puñaladas por la espalda no han hecho más que comenzar. Y a río revuelto, ganancia de pescadores. Con el paso de los días, veremos quién es el pescador y quién es el pez.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Después de la Diada

Dice Ferrer Molina que si la Policía sorprendiese hoy a Jordi Pujol abriendo la caja fuerte del Banco de España con una media calada en la cabeza y distribuyese las imágenes de la captura, el acontecimiento sería recibido con displicencia en buena parte de Cataluña con la frase: «Otro ataque más al procés».

A un sector de la población catalana le da igual que el clan Pujol esté en el punto de mira judicial: lo vinculan a un ataque del 'Estat espanyol' para cercenar la identidad nacional. Tampoco parece importarles que el pago de comisiones, de entre el 3 y el 5%, fuese una práctica común en los años de Pujol. Lo avisó Pasqual Maragall en el Parlament, pero todo quedó en agua de borrajas, oculto en una senyera que al poco tiempo pasó a ser estelada. Para ese sector tampoco son de vital importancia las donaciones a CatDem, la fundación de Convergéncia, a cambio de contratos públicos.

Para qué nos vamos a engañar: ese sector de catalanes no se diferencia tanto de los españoles que respaldan con su voto a los partidos de los ERE o de la Gürtel. Pero mientras en el resto del país funciona la sonora pandereta del «y tú más», en Cataluña se tapan las corruptelas con la bandera y se pone en marcha el 'procés' como cota de mallas contra la desdicha, contra la desazón del 'Estat opressor', contra la vil maquinaria 'feixista' de Madrid, 'Espanya ens roba' y todas esas letanías. Un hecho insólito, el refugiarse en el sentimentalismo y en la caduca ideología nacionalista, nunca visto desde mediados del siglo XX.

El sentimiento independentista, el querer formar un ente social independiente de otro grupo mayor, puede ser legítimo y libre en cualquier sociedad civilizada y madura. El que firma estas palabras, aun sabiendo que el dogma no siempre es aplicable a la práctica, respeta la libertad individual de asociación y de desasociación, incluso a la hora de construir y deconstruir Estados, aunque parezcan palabras mayores. 

Pero usar el independentismo como maquinaria de agit-prop para tapar las vergüenzas toreras de la corrupción, teniendo de líder del 'procés' al delfín del clan Pujol, es una auténtica calamidad, un desafío a las leyes de la lógica y un signo de la podredumbre de una sociedad sumida en la ceguera ideológica. Y que sea precisamente Convergéncia, el partido del 3%, de los casos Palau, ITV y Banca Catalana, quien lidere el 'procés', deja entrever una falta de compromiso de la sociedad con la ética y la decencia política. Una sociedad comprometida con la ética no permitiría que Artur Mas estuviese donde está, chulo y prepotente en sus actos de insumisión, esquivando las preguntas del resto de formaciones en el Parlament.

Si la sociedad quiere consentir esa clase de independencia liderada por la corrupción sistémica de la extinta CiU, el fraude, además de Ley, es histórico; un autoengaño masivo de parte de los catalanes, los asistentes a la Diada, que en su mayoría serán votantes de Junts Pel Sí, que prefieren vendarse los ojos antes de ver la timorata realidad de su Parlament, la podredumbre de un régimen autonómico que ha servido durante más de tres décadas para llevarse el dinero a Ginebra, como buen patriota suizo, y echar la culpa al 'Espanya ens roba'.
Los catalanes ya no tienen solo el problema del 3%, que diría Pasqual Maragall, sino un problema de hipnosis, de sugestión, en el que no son capaces de discernir la mentira en la han sido envueltos por su clase política durante tres décadas. A modo de ejercicio mental, imaginen la situación de cualquier otra zona de España donde se destapasen casos de corrupción de similares cuantías, y al día siguiente, su Presidente aclamase a voz en grito que pondrán en marcha un 'procés' de independencia porque están siendo perseguidos por la Justicia española y porque el Estat les roba.

Aun así, a pesar de la crispación social y del envenenamiento mediático, de la pesada carga de las alforjas hasta el 27-S, el mensaje de la sociedad española es claro y sabe separar el juicio a los políticos catalanes del apoyo sistemático a la sociedad catalana. El primero está dicho con anterioridad; el segundo, el mensaje a la sociedad en su conjunto, independientemente de su ideología, es que no queremos que os vayáis, que no entendemos España sin Cataluña porque sois parte de la historia común, de nuestro bagaje cultural e histórico; que no queremos un enconamiento ni un enfrentamiento guerracivilista; que queremos buscar puntos de confluencia y no de desencuentro, de entendernos y de mirar hacia el futuro, construyendo juntos el camino a seguir trazado en la misma Constitución que también ratificásteis con vuestro voto, y que dejen de engañaros haciéndoos creer que los ataques a Mas, Junqueras y compañía son agravios o injurias a los catalanes; y que hoy, al igual que hace siglos, Cataluña es sinónimo de hispanidad, y que desgajar Cataluña de España es solo la última venganza de una clase política, la catalana, manipuladora y caciquil, que ha usado la senyera para tapar el camino que lleva desde la Generalitat hasta el HSBC de Ginebra.

jueves, 27 de agosto de 2015

De agresiones y silencios

Parece que el ambiente en España se caldea por momentos y la violencia tiende a propagarse como método de coacción. Hace unos días, Inma Segui, presidenta de Vox en Cuenca, sufría una agresión física a manos de tres individuos al grito de «fascista». Tres individuos que, sin nada mejor que hacer, la esperaban a las ocho de la mañana a la puerta de su casa para verla salir y arrearle varios golpes. Como quien va a jugar una partida de mus o queda para ir de copas, hay tres desgraciados por las calles de Cuenca que tienen la violencia hacia un político como método de diversión, como si las palabras en un Parlamento o en un Congreso no fueran suficientes y fuese necesario acudir a los garrotazos de Goya -gracias a Dios muy lejanos- para solucionar los problemas.

Es cierto que la clase política, y en especial lo que algunos llaman «la casta», sufren un descrédito y un desapego por parte de cierto sector de la población española. Pero en ningún caso es lícito acudir a la violencia como método común para amedrentar la vida de un político, sea del partido y de la ideología que sea. En la mente atribulada de esta gentuza, que se tildarán de antifascistas cuando en realidad persiguen lo que son, es de suponer que dar puñetazos a Inma, y para más inri a una mujer, es la forma de conseguir unos fines políticos muy anticuados y licuados en la memoria colectiva europea.

Pero en la realidad, en una sociedad libre, plural y democrática, la única opción posible y viable es la convivencia pacífica entre personas con diferentes sentimientos ideológicos, sin que la violencia sea nunca excusa para una agresión física. Si queremos ser plenamente demócratas, hemos de entender que no toda la sociedad tiene un único planteamiento ideológico o político, y que en el pluralismo está el verdadero elixir de una sociedad madura y democrática. Actos violentos como la agresión a Segui demuestran que, por muy aislados que sean, hay personas propensas a llegar a los garrotes, y que en situaciones de ese calibre, el apoyo de todos los partidos y formaciones políticas condenando la agresión debe ser unánime, sin que exista el más mínimo resquicio que sirva para legitimar la violencia.