miércoles, 14 de septiembre de 2016

El extraño colegueo entre Partido Popular y Podemos

Parece mentira, pero sigue el colegueo entre el Partido Popular y Podemos. La banda de la cachiporra, liderada por el Macho Alfa que es Pablo Iglesias, aquella que iba a barrer a la Casta asaltando los cielos en beneficio de La Gente, ha suavizado su discurso en su camino por el desierto y ya no vocifera como antaño, cuando Pablo rapeaba sus discursos echando bilis por la boca mientras el coro de la manada entraba en trance y coreaban su habitual “sí se puede”, que debe ser el equivalente al rebaño de ovejas de Rebelión en la Granja cuando balaban aquello de “cuatro patas sí, dos patas no”. De hecho, Pablo se ha especializado en el susurro y en el comadreo con el clan de Mariano Rajoy, dejando entrever esa connivencia entre ambas formaciones como buena relación de simbiosis en beneficio propio y mutuo. 

Ese comadreo se dejó entrever en la sesión de investidura de Mariano Rajoy, cuando, entre sonrisas e hilos de voz suplicantes, Iglesias le decía que era “estupendo”, que tenía un “gran sentido del humor” y que era un “parlamentario con retranca”, a lo cual Rajoy replicaba con su habitual sorna que Iglesias también es “estupendo” y que “a veces me gustaría ser como usted” (sic). Todo eso apenas medio año después de que Iglesias, en su tono de gato arisco, pusiera a Pedro Sánchez a caer de un burro, gritándole su otrora habitual discurso de rapero antisistema, recordándole los tiempos del GAL y votando junto al PP en contra de la investidura de un Presidente socialista. El mismo que, con toda su cara de cemento armado, le pide a Sánchez un paso adelante para presentarse a otra investidura y hacer un “Gobierno del cambio.

Aquel día solo faltaron las carantoñas y los arrumacos ante la perpleja mirada del resto del Parlamento. Pero el comadreo no quedó solo ahí, sino que volvió a surgir este martes en la Comisión de Economía con la intervención de Luis de Guindos. En lugar de rapear su habitual ripio contra la “casta”, Pablo volvió a dedicar a De Guindos una tierna voz de súplica y colegueo, recordándole con retranca sus tiempos de oposiciones y provocándole la risa, sudoroso y complacido, después de que el Ministro se chuleara ante el resto de representantes del arco parlamentario y siguiera mintiendo por doquier sobre el nombramiento de José Manuel Soria como directivo del Banco Mundial.

Resulta extraño ver la tranquilidad que anida últimamente en Pablo Iglesias. No hace ni dos años pululaba por los platós de televisión enseñando los dientes como Isabel Pantoja en sus tiempos con Julián Muñoz y rapeando sus discursos de La Tuerka bajo la influencia de su puño izquierdo y del parné de Hugo Chávez. Y sin embargo, en su trigésimo cambio de estrategia política, prefiere coleguear con Mariano Rajoy y con Luis de Guindos para sonsacarles una sonrisita, como quien le hace carantoñas a un bebé para que expulse los gases, llamándolo “estupendo” y “parlamentario con retranca”. Cualquiera diría, viendo las ironías que se gastan Pablo y Mariano entre ellos y viendo cómo solo endurecen su lenguaje cuando se trata de mentar a Pedro Sánchez y a Albert Rivera, que están en su salsa y que prefieren coexistir en un mar de tranquilidad a costa de que Partido Socialista y Ciudadanos se diluyan en unas nuevas elecciones, polarizando el voto y creando un nuevo bipartidismo. Porque, si no es cierto, al menos dan esa sensación.

lunes, 12 de septiembre de 2016

La Diadanacht

Una Diada más, y van cuarenta. En la antepenúltima de la última Diada después del antes de la Independencia marcharon Puigdemont, Mas, Rufián, Junqueras, Llach, Colacau, Rahola y celebrities de las altas esferas catalanas, mezcladas después de tantos siglos de esnobismo con lo que la burguesía catalana antes tildaba de chusma charnegil, gente con mezcla de genes y apellidos poco nobles como Díaz, Fernández y García. “Meu estimat espós, ¿cómo vamos a construir una Catalunya fort mezclando nuestra estirpe con un casposo Díaz?”, preguntaba preocupada Montserrat Martorell, señora de noble cuna, a su marido, ávido lector de las necrológicas de La Vanguardia, en los fulgurosos años cuarenta. “Sí, Montse, dónde vamos a parar… ¡Anda, mira, le petó la patata a Carles!”. “Se lo tiene merecido, por charnego”.

De la celebración de la Supremacía de la Raza Catalana se hicieron destacar dos cosas, aparte la reunión de Puigdemont con un representante de un antepasado del Siglo de las Luces que más bien parecía el Capitán Garfio. La primera, la samba con el sambenito de un círculo de papel con ínfulas de sombrero que Puigdemont y compañía portaban orgullosos y nobles, al cual daban vuelta y vuelta mientras bailaban al ritmo de un cha-cha-chá seguramente de origen catalán. A Puigdemont se le veía cara preocupada, como si no supiera marcar el ritmo sin que se le cayera la peluca, y meneaba el papel adelante y atrás, hacia arriba y hacia abajo, vuelta y vuelta, como si el papel-sombrero fuese un cerdo adobado en una parrilla, como si en un momento pidiese dinero al Estat feixista espanyol y al siguiente lo ocultase, por poner un ejemplo, en el Banco de Andorra. Imagínense el posible caudal recaudado con tanta vuelta al papel-sombrero. Reconozco que tanto meneo al papelillo en cuestión obnubiló mi subconsciente y esta noche tuve pesadillas con Puigdemont.

La segunda situación a destacar fue, sin duda alguna, la declaración de Artur Mas, ex-Presidente de la Generalidad y terrateniente de los Pujol-Ferrusola, clan archiconocido por quitar dinero a la pérfida burguesía catalana y dársela a los pobres tiñosos y disentéricos. Artur afirmó categórico, con su habitual media sonrisa de raposo, que se encontraba muy a gustito con “esta gente de bien” porque, como ustedes saben, en Cataluña hay dos tipos de gente: la “gente de bien”, situada en un espectro político entre el independentismo tradicional de Esquerra y la CUP y la derecha neoindependentista y de rancio abolengo de Tresvergencia; y luego la “gente de mal”, los bellacos que todavía tienen la osadía de toser por la calle, dar lecciones de Democracia y decirle a la Raza Superior que sigan siendo españoles de segunda categoría. ¡Cómo se le ocurre tamaña desfachatez a la “gente de mal”! Con ellos a Treblinka, Mauthausen y Auschwitz en trenes de larga distancia –subvencionados por el Estado opresor, cómo no–, que no se les puede seguir permitiendo pisar suelo del Imperio Sacro-Catalán. ¡Hombre ya!

La marea independentista puede seguir presumiendo de ejemplar y democrática, pero por mucho que insistan en su habitual engañifa, algunos somos perros viejos y sabemos cómo acaban los movimientos nacionalistas, cómo se traducen en un aquelarre racista que divide a una sociedad según el criterio del gobernante de turno, que para más inri se salta la legalidad a la torera sin que nadie le tosa e intenta poner en jaque a un Estado de Derecho que parece anestesiado frente al envite fascistoide de Convergéncia. Y si tanto les molesta que les comparemos con la Alemania nazi, que al menos les digan a los cuperos que no emulen la Kristallnacht quemando retratos del Rey y banderas de España entre teas ardientes. Que entre quemar una bandera y dar una paliza a un simpatizante del Partido Popular o de Ciudadanos hay una línea muy delgada, y más después de cuarenta años de políticos nacionalistas como Artur Mas que han dividido la sociedad entre “gente de bien” y “gente de mal”, tal y como reconoció ayer.

martes, 6 de septiembre de 2016

Mariano, vete

Va siendo hora de que Mariano Rajoy dé un paso atrás. Que dé paso a una nueva generación de políticos capaces de enderezar el timón del Partido Popular sin estar rodeados por un halo de corrupción del que Mariano no sabe cómo desprenderse. Que los españoles no tenemos que estar sufriendo sus continuos envites, su manía por “perseverar”, como dijo ayer en la cumbre del G-20, su obcecación por seguir enquistando el panorama político nacional como si su continuo reto con Pedro Sánchez fuese un asunto personal. Tampoco es de recibo la perseverancia de Pedro Sánchez, dicho sea de paso, pero leñe, que ya van dos elecciones generales donde vale, que sí, Mariano, que ganaste las elecciones, pero no tienes una mayoría absoluta. Y tú, tan poco acostumbrado a negociar, después de cuatro años de rascarte el peritoneo sin hacer las reformas que España necesitaba, después de convertir al Partido Popular en un lodazal de corrupción, quitando de forma puntual algún jarrón chino moteado por hongos, no pareces entender la situación actual.

Detrás de Mariano está la historia de una década de Partido Popular inmersa en una realidad paralela, sin rumbo ni timón, sin otro proyecto político para España más que ir tirando hacia delante, ir sacando las castañas del fuego según el criterio suicida del BCE y sentarse a verlas venir. Sin afrontar la corruptela sistémica con reformas legales, sin defender la unidad de España con el Estado de Derecho en la mano frente a quienes quieren trocear la soberanía nacional, sin enfrentarse a la realidad de un Estado hipertrofiado que requiere una inmediata reforma estructural, comenzando por el sistema público de pensiones, continuamente achantado por el acomplejamiento del buenismo político y por la acritud personal de Rajoy al debate ideológico.

Algunos todavía tenemos muy presente en la memoria aquel contubernio de Valencia donde Mariano se proclamó prócer del Partido Popular y dijo que los conservadores se fueran al partido conservador y los liberales al partido liberal. Aquel día el PP quedó huérfano de ideología y emprendió un camino autócrata y personalista consistente en no contradecir al líder. Quienes lo hicieron, comenzando por María San Gil, fueron quedando por el camino. Y Mariano sigue ahí, una década después, como un gato que siempre cae de pie, convencido de que España le necesita, cuando España lo que necesita es la regeneración democrática que nos prometió hace cinco años y que no cumplió escudándose en el déficit público y en otras milongas. Y hoy, con los rupturistas de Podemos tocando a las puertas del poder, deseosos de trocear y arrancar la más preciada página de nuestra historia reciente que es la Transición, es la hora de coger el toro por los cuernos y afrontar la realidad. O emprender las reformas legales, fiscales, institucionales y administrativas para regenerar España respetando la Constitución, o vamos camino de la desintegración como Nación.

Eso Mariano no lo entiende. Nunca lo entendió. Nunca tuvo un proyecto de regeneración para España salvo el ir salvando los muebles a base de vender el ajuar. Y dada la situación, en su empeño por “perseverar” en sus errores, lo mejor es que Mariano se aparte una vez cumplida su función política, si es que alguna vez tuvo alguna. Que deje paso a otros liderazgos en el Partido Popular para una nueva etapa política basada en el entendimiento con otras fuerzas parlamentarias, empezando por Ciudadanos. Porque el problema radica en que ese entendimiento es imposible con quien un día suscribe un acuerdo de regeneración democrática y al día siguiente se cachondea del personal, nos toma por idiotas y nomina a José Manuel Soria como candidato al Banco Mundial escudándose en historias sobre el funcionariado. Así que, visto lo visto, Mariano, vete. Y llévate contigo a Pedro Sánchez.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El no-no de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez sigue enroscado en su no-no y no atiende a razones. En la sesión de investidura, a Albert Rivera solo le faltó ataviarse de luces de neón y mandar un S.O.S. por telégrafo. “Pedro, que tenemos mayoría parlamentaria para controlar a un Gobierno del Partido Popular en minoría”. Pero Pedro Nono sigue empecinado en sus trece y no escucha. El prócer de la Democracia parece querer a toda costa llegar a la Presidencia del Gobierno en lugar de dejar que Mariano Rajoy se coma sus palabras de aumento del gasto público cuando llegue Bruselas a decir lo mismo que Pedro: “No es no”.

Pero Mariano, al igual que Pedro Sánchez, también es feliz en sus trece. Mariano es feliz recibiendo piropos y besitos de Pablo Iglesias, que ha recargado durante las vacaciones la pila del amor que lleva en su coleta sudada y pretende revestirse no ya de socialdemócrata, sino de hippie internacionalista con tufo a naftalina y a Woodstock, que es un paso más en su metamorfosis kafkiana que solo se creen los gilipollas que pululan por España sin dar un palo al agua. “Pero qué gustirrinín verte en la tribuna, Mariano”, dice Pablo. “Uy, uy, Pablo, que me pongo verraco”, replica Mariano. “Espera, espera, que te azoto hasta sangrar”, contesta Pablo, que como buen macho alfa es mucho de escribir sobre cómo azotar a mujeres en sus Telegram.

Hay que ver la complicidad entre Mariano y Pablo, que ni se sonrojan cuando desvelan la existencia de lo que muchos pensamos: esa pinza entre Partido Popular y Podemos que tiene secuestrada nuestra Democracia desde el 20-D, que pretende obligarnos a elegir un nuevo bipartidismo que permita a Rajoy gobernar ad infinitum con el lema “o yo o el caos podemita”, y que hace que el Partido Popular sea el único partido sin una renovación profunda desde el albur de los tiempos. Que ya ni siquiera te pedimos el gran sacrificio de unas primarias en el Partido Popular, Mariano, sino que designes ad interim a una mujer trabajadora, honesta y con dos bemoles como, pogamos por ejemplo, Ana Pastor, y que no la relegues a un puesto de jarrón chino como la Presidencia del Congreso.

Pero eso a Rajoy le da igual. Él escucha a Pablo Iglesias acusar a Núñez Feijoo de ser amigo de un narcotraficante -fue a hablar el que cobra del narcorégimen de Diosdado Cabello- y se conchaba con Pablo para lanzarse besitos desde la tribuna. Él oye lo de renovación y le da un intríngulis al intestino. Lleva trece años –¡trece años!– como cabeza del Partido Popular, perdiendo elecciones en sus inicios frente a un tío tan nefasto como Rodríguez Zapatero hasta que, un buen día, la gente le votó por hastío, por simple cansancio de tener un Gobierno repleto de mentirosos compulsivos, y porque salvo UPyD, no había otra gran alternativa. Y ahí sigue, cautiva y desmantelada una alternativa liberal –o al menos socioliberal– desde el contubernio de Valencia, con un gran sector de votantes del PP metiendo su papeleta en la urna mientras se pinzan la nariz. “No soporto a Rajoy, pero los otros son aún peores”, se oye una y otra vez por los pasillos de los colegios electorales. Qué políticos más considerados, que nos obligan a votar entre lo malo y lo peor.

Por eso, y por otras tantas razones, Pedro Nono debería hacer caso de las luces de neón que emana Albert Rivera desde la tribuna de oradores y dar su brazo a torcer. Porque tampoco es que la solución sea muy buena, desde luego no lo es, pero es mejor que seguir mareando la perdiz al personal con elecciones un 25-D. Y porque al menos habría un Gobierno en minoría que puede ser controlado a nivel parlamentario por PSOE y Ciudadanos, obligando a Mariano a dialogar, a él que le da tanta pereza el diálogo, a enfrentarse a la realidad de la necesidad que tiene España de regenerar su sistema parlamentario y sus administraciones públicas, y arrinconando al lumpen chavista durante cuatro años en los que seguirá desinflándose gracias a la pésima gestión de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y Cádiz. Gracias, Manuela. La cuestión, al final, está en si Rajoy muestra interés por arrinconar a Coleta Morada o por resucitarlo con un apasionado y romántico beso desde la tribuna de oradores.

jueves, 11 de agosto de 2016

La 'dolce vita' de Villa

Mientras decenas de mineros se jugaban la vida bajando a la mina, mientras los currantes se partían el lomo en un trabajo esclavizante, José Ángel Fernández Villa, diputado del PSOE y máximo exponente del sindicalismo español durante décadas, accedió a la máxima pensión falseando una invalidez. Y es que el 'Capone' asturiano no solo acaudaló una fortuna de 1'4 millones de euros, demasiado inflada para un 'currante', sino que falseó documentos para conseguir una jubilación de 2.500 euros mensuales. Todo ello con la complicidad de la empresa pública HUNOSA y con PSOE y UGT mirando a otra parte.

Sin embargo, lo más simpático del asunto es que la situación de Villa, el 'outlaw' de las Cuencas Mineras, era vox populi en la región. Lo denunció durante años Antón Saavedra, ex secretario de la Federación Estatal de Mineros, pero ni partidos políticos ni compañeros de sindicato le hicieron caso. Mientras tanto, Villa gozaba de su jubilación, además del sueldo de dos décadas como diputado socialista, y hacía repostería con el dinero de los Fondos Mineros, dejando Asturias sin minas y sin futuro laboral. Quien debía de haberse encargado de proteger al obrero fue quien le clavó el puñal por la espalda. Y encima sigue libre.

Del falso parte de baja para conseguir la jubilación, mejor ni hablar. Queda como ejemplo de antología de la falta de controles en una empresa pública, y más concretamente en HUNOSA, donde Villa hacia y deshacía a su antojo del mismo modo que tejió una profunda red clientelar en toda la región. Villa dijo que tuvo una recaída de un viejo accidente en el Pozo Candín, pero el nuevo marqués ni había sufrido tal 'viejo accidente' ni bajaba a la mina a partirse el lomo desde hacía 12 años. La realidad era que le había caído una caja de botellas de sidra en Rodiezmo, aquella fiesta de la minería que PSOE y UGT celebraban en León y que fue suspendida en los años de Rodríguez Zapatero más por vergüenza ajena que por otra cosa. El parte de baja se falseó y Fernández Villa se jubiló con 2.500 euros al mes.

De cara a la galería, Villa fue el redentor del obrero, el paisano que defendía a sus camaradas, el trabajador que miraba por el futuro de la minería. Pero en realidad, Villa fue un chulo de playa que se adueñó del SOMA y extendió sus tentáculos al poder político para someterlo a su control. Y mientras con una mano lanzaba soflamas sindicalistas a través de un megáfono, con la otra se convertía en el sindicalista más acaudalado de la historia, en un mangante de tomo y lomo, en una especie de Rockefeller de la minería que hizo imperar la ley del silencio en Asturias. Ahora todavía queda por saber quién permitió, con su silencio, que Villa arrasara Asturias. Y esa gente tiene todavía asientos en la Junta del Principado.

jueves, 28 de julio de 2016

Hipocresía nivel Echenique

Es irónico ver cómo los salvapatrias que iban a redimirnos del capitalismo neoliberal y de la derecha cáustica caen en las mismas artimañas de sus declarados enemigos. Resulta cuanto menos irónico, por no decir lamentable, ver cómo Pablo Echenique, paladín de Podemos desde su cómodo asiento en las Cortes de Aragón y a la par Secretario de Organización del partido morado, uno de los tantos que iban a salvarnos del apocalipsis marianesco, caiga en las mismas arenas movedizas que los jerarcas de puro y chistera.

Y es que la malvada prensa facciosa, que dirían nuestros correligionarios de Podemos, ha desvelado que Echenique mantuvo a un empleado del hogar sin contrato y sin cotizar a la Seguridad Social durante un año. Y mientras tanto, hace apenas dos meses, nos iba dando lecciones de magmánima humildad con jocosas frases y rotundas sentencias tales como que "es una vergüenza que tengamos a cuidadoras sin pagarles la Seguridad Social". Así, by the face. Porque él lo vale. 

Nuestro querido Echenique, el mismo que declaraba que "hay que estirpar las malas hierbas" cuando se refería a las pugnas internas dentro de su formación, como buen amante de la política de amor de Lavrenti Beria, reconoce que "no hizo las cosas bien"., pero no hizo nada por enmendarlo porque no tenía tiempo, no le apetecía o vayan ustedes a saber. Y no solo eso, sino que pone de excusa la "situación de la gente humilde que recurre a la economía sumergida", porque su sueldo de diputado por las Cortes de Aragón solo le da para masticar las suelas de los zapatos.

Entre tanto, y para variar, su habitual 'troupe' aplaude con las orejas. Para sus acérrimos seguidores la culpa es del sistema, de la Ley de Dependencia, del establishment, del Ibex-35 o de los masones. Cualquier excusa es válida para no reconocer la verdad que les estalla delante de sus narices: que uno de los suyos, uno de los mesías redentores, de esos chulainas que venían a salvarnos del desastre, como maná caído del cielo, cometía los mismos tropeles que cualquier otro político, como cualquier españolito de a pie. 

Con la salvedad de que el españolito de a pie al que el propio Echenique recurre a modo de excusa no percibe un goloso salario de diputado que infla su cartera como la de un buen progresista de salón de té. Ni tampoco se presenta como mágica solución a los problemas sociopolíticos de una sociedad harta de trapicheos y corruptelas que el propio Echenique usa para burlar los pagos a la Seguridad Social. Todo ello sumado al agravante de la desfachatez y la hipocresía de quien se proclama defensor de los derechos de los trabajadores y luego, cuan mamporrero de la nueva casta política -"meet the new boss, same as the old boss", dice Pete Townshend-, es el primero en tener a un trabajador en una situación irregular. Con un par. Y sin que se le inmute un solo pelo.

jueves, 21 de julio de 2016

Pueblo de bueyes


Se inaugura la Legislatura y queda abierta la veda para ver quién dice la mayor sandez en la sesión de investidura. La más gorda -la sandez, digo- se la lleva Carolina Bescansa, la pijilla millonaria renacida en hippie salvapatrias y perdonavidas, que durante la jura de la Constitución se pone a recitar a Miguel Hernández. Y no precisamente uno de sus mejores poemas. "¿Promete acatar la Constitución?", le preguntan, y ella responde: "Porque no soy un pueblo de bueyes", usando la tribuna como si fuera un concurso de poesía. Pero vamos a ver, so desgraciada, ¿qué te han hecho a ti los bueyes?

Y es que Podemos sigue convirtiendo el Congreso en un patio de colegio con sus trivialidades, como en la jura de la Constitución, un acto que debería ser solemne y que ellos, los eruditos, doctorados e inteligentes, pisotean y humillan como la camorra facciosa que son y convierten en una verbena de pueblo. "Juramos acatarla hasta cambiarla", dice alguno. ¿Hasta cambiarla por que, alma cándida? ¿Por una Constitución Bolivariana?

Pero lo más relevante sigue siendo esa coletilla que usa Pablo Iglesias, el doctor en Ciencias Políticas, al final de su jura: "Nunca más un país sin su gente". Y es que huelga recordaros que España, hasta la mesiánica llegada de Pablo, que bajó en bicicleta de los cielos envuelto en un aura, de un modo similar al espíritu de Chávez en forma de pájaro del Orinoco, era un erial baldío e inerte donde nosotros, los cerdos faciosos, nos revolcábamos inmersos en un fango de miseria. No éramos nadie hasta que lógicamente llegó nuestro Mesías con el dinero contante y sonante de CEPS y formó Podemos y nos perdonó la vida. De hecho, están estudiando si reescribir el Génesis y poner: "Al principio Pablo Iglesias creó el cielo y la tierra".
 
"Heme aquí, Pueblo", dijo Pablo un día, abriendo los brazos en cruz, y hete aquí que ahora lo tenemos hasta en la sopa, representando al Pueblo. A la Mayoría Social. A La Gente (trademark). "Ahora el Pueblo tiene 71 escaños". Los demás diputados representan a los urbanitas de la ciudad o a peligrosos entes voladores que van y vienen levitando sus penas por las aceras, siempre y cuando, eso sí, los representantes de La Gente nos concedan derecho de tránsito después de machacar una Constitución de consenso y reconciliación nacional. Debe ser lo que Juan Carlos Monedero llamaba el proceso constituyente, que no es si no el paso para transformar el orden constitucional actual de nuestro Estado de Derecho en una República de soviets y para renombrar el CNI de Soraya en un NKVD regentado por los matones de Distrito 14. Normal que no juren lealtad a la Constitución Española y monten esos circos de baja estofa.

martes, 10 de mayo de 2016

Todo tesoro tiene un precio


Después de tanto intríngulis, habemus coalición. O confluencia, vaya usted a saber. Pablo Iglesias y Alberto Garzón escenificaron ayer la unión con un abrazo en Sol. Detrás de Alberto, un cartel rezaba: "Todo tesoro tiene un precio". Enigmático, cuanto menos. El caso es que, a falta de que las 'bases' ratifiquen el acuerdo, Garzón e Iglesias parecen haber fumado la pipa de la paz. O quizás Garzón haya tomado un trankimazín para arrastrar mejor los malos recuerdos del pasado. El Pitufo Gruñón se ha convertido en Pitufo Camarada y ambos parecen dispuestos a dar el 'sorpasso' al PSOE -algo que, al menos nosotros, no tenemos muy claro que se vaya a producir- y a ganar al PP -cosa que ni de lejos ocurrirá porque Mariano ya tiene hecha la campaña electoral con la carraca del voto útil-.

De ahora en adelante, el casi millón de votos debería sumarse a los cinco millones que Podemos sacó en las elecciones del 20-D. Sin embargo, uno se pregunta qué tendrá más peso en la balanza de la coalición: si su capacidad de movilizar parte del voto abstencionista o la pérdida de votos de una vieja guardia en contra del acuerdo con el partido morado. Es decir, el poder de convocatoria de un partido bicéfalo -aunque con una cabeza, la de Iglesias, más prominente que la de Garzón- o quizás todo lo contrario, el enfado de quienes ven a Alberto aunando fuerzas con quien le insultaba hace apenas seis meses.

Porque, todo hay que decirlo, no son pocas las voces dentro de IU discrepantes con ver a su líder dejando de ser aspirante a Presidente del Gobierno para quedar en una lúgubre quinta posición dentro del partido de Iglesias. Todo hubiera sido más fácil si Iglesias se hubiera mordido la lengua antes de haber llamado a Garzón «izquierdista tristón» y de haberlo condimentado en una sabrosa «salsa de estrellas rojas», entre otras lindezas. Pero ya sabemos cómo se las gasta Pablo cuando sube a un atril y empieza a rapear como si estuviera en un concurso de hip-hop.

También es interesante ver cómo Podemos ha dado un giro de 180 grados en su estrategia sobre la famosa «transversalidad», ahora perdida al abrazar el ala comunista de IU. Pablo ya no puede machacar al personal con esa magna idea de ser el partido de «los de abajo» al quedar enclaustrado dentro del tradicional eje izquierda-derecha, y tampoco puede hacer uso de su lucha contra la «casta», al abrazar al tradicional partido-muleta del PSOE durante cuarenta años de tramolla democrática.

Los cambios son significativos y deberían dar que pensar a muchos. Diluir unas siglas con treinta años de historia en una alianza forjada en apenas una semana, con un partido de dos años de vida, sin un largo y sosegado debate, aprisa y corriendo, no va a sentar bien en algunas casas, digan lo que digan los referendos. Y menos aun cuando las cicatrices de aquellas puñaladas de Iglesias a Garzón aun no han supurado en la mente de algunos. 

Pero la política es así de extraña, y cuando de por medio está la posibilidad de alcanzar el poder, hace extraños compañeros de cama. En el caso de IU y Podemos, el cortejo entre ambos es natural porque son dos piezas del mismo puzzle. Pero quizás la presencia del mensaje que dice eso de "todo tesoro tiene un precio" detrás de Garzón, ayer en la Plaza del Sol, no sea casual. Que ya nos conocemos el show business de Pablo Iglesias.